Un día quise creer
saber el origen y el final,
el cual podía ser igual;
si lo analizas bien,
solo nos distingue
la ausencia y la presencia.
Estuve como todo hombre
buscando la presencia de un Dios,
hablando de él casa por casa,
practicando el ayuno,
castigando vilmente el cuerpo,
intentando hasta celibatos.
¿Qué pasó al final?
La vida se fue, y no alcancé ver
que él estuvo frente a mí.
Me acerqué al que guía el rebaño
y entonces me recibió,
por mero compromiso.
Pero incluso entre las ovejas
encontré el egoísmo, la envidia,
esa que tanto critican.
Lo que se habla el domingo
el lunes pasa al olvido;
sin embargo,
el oyente no tiene la culpa.
Saben que el sacerdote
vive tranquilamente,
cuando ellos nada más
buscan el plato en la mesa.


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