Oscuridad – Eduardo Ramírez Moyano

La noche es negra como la pez. Sólo se ven algunos puntitos luminosos desde la ventana. El resto es negrura como si un murciélago gigantesco con sus alas abiertas cubriese el cielo. Hace un frío gélido, glaciar, que empapa hasta el tuétano de los huesos. Esta es mi noche –dice algún criminal–. Es noche de malvados; no me extraña que el boggart me quite más de un cigarro, justo a esta hora en la que canta el gallo.

La noche es negra como la pez. Sólo se ven algunos puntitos luminosos desde la ventana. El resto es negrura como si un murciélago gigantesco con sus alas abiertas cubriese el cielo. Hace un frío gélido, glaciar, que empapa hasta el tuétano de los huesos. Esta es mi noche –dice algún criminal–. Es noche de malvados; no me extraña que el boggart me quite más de un cigarro, justo a esta hora en la que canta el gallo.

Mis criaturas aún duermen en un rincón de la buhardilla, mientras hago el café en la cocina. Hay un silencio sepulcral, idóneo para la lectura. ¡Qué negror! Desde mi ventana no se ve lo de alrededor. ¡Vaya locura! Un hada muerta en mi basura. El boggart debió de perder la cabeza en apuestas anoche. Los tentáculos de la televisión atrapan igual que un Kraken hacia su mundo de idiotez.

Oscura como el ónice, onerosa blasfemia cual letanía a Dionisio. Nada más diré de esta noche execrable en predominio, herética noche.

Ya la cortina deja pasar claror. Ya los duendes saltan en mi colchón. Ora un paladín empalmado se despereza, ora las hadas despiertan de su sueño profundo. Pronto manejarán sus husos, propagando en hebras de platino y diamante los haces del día neonato del mundo que nace.

El incensario, entre tanto, espeta sardónico su bruma magna. Y el soplo bermejo del horizonte anuncia que mis náyades se desperezan como en una serendipia.

Cualquiera diría que ha nacido el día, de lustre en contraste con la tersa noche, templado en tono contra la yerma noche, anacarado y beis…

¡Cuán presto pasa el tiempo! La apóstrofe noche ha cedido el paso a un día calmado.

Acabo de ver al boggart cabalgando sobre mi perrito. Quería nada más y nada menos, el muy bandido, jugar al póquer con el demonio de Dartmoor y el Dullahan. ¡Nos ha fastidiado!

En cuanto a ninfas, ya he dicho que hay féminas sagradas como Marilyn Monroe o María de Magdala.

El vórtice de la tarde se enjuga los ojos cual recién despierto infante. De nuevo de noche. Los días son muy cortos. Aunque yo, el búho despierto, exprimo más la nocturnidad.

El paragüero no para. Epígrafes de tormentas…


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2 respuestas a “Oscuridad – Eduardo Ramírez Moyano”

  1. Avatar de DeOniros

    Ese murciélago gigante me ha hecho un hueco en la sombra. Me cuelo un instante, por saborear el momento.
    Magnos sueños.

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