He pasado una vida entera entre altibajos. Conocí la dureza siendo niño, aun teniendo padres supe qué era el despojo; también el trabajo duro.
Llegó mi juventud y realmente poco aprendí. No leí por falta de tiempo, si acaso aprendí a contar; también albures que aún respondo, aún digo, y así me divierto, siendo burdo, pero auténtico.
El amor no llegó pronto, porque seguí el ejemplo de casa. Crié hijos fuertes, que ahora me apartaron de ellos; quizá debí ser mas paciente, como lo soy con mis nietos.
Sé que voy a morir. La verdad no quiero, aunque ya muy poco espero. Jamás lloré hasta que mi nieta pequeña me dio una flor que recogió del jardín, y la atesoré por unos momentos, hasta que caí al piso.
Ahora no puedo ver, hace mucho frío, tengo puesto un traje y mucha gente me acompaña. Mi oído se reduce a cada minuto, solo escucho llanto, y a mi pequeña nieta, que poco sabía hablar, pidiendo que me saquen de aquí… mas no se puede evitar. Esto fue parte de vivir con un cuerpo fuerte, y un corazón tan frágil, que dejo de latir al recibir una florecita.


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