La oscuridad
llega en el
momento
menos indicado.
El enojo
se vuelve
rabia.
Las miradas
en mí nuca
se sienten
muy fuertes.
Con cada paso
mi cabeza
la siento pesada.
Trato de controlar
el dolor,
sin hablar sobre
cómo me siento
por miedo
de que piensen
que enloquezco.
Trato
de llevar
mis manos
hacia mi pecho
que corre
descontroladamente.
Con cada paso
siento que
mi carga
se vuelve pesada.
Traro de alcanzar
los antídotos
que son
prescritos,
pero esta vez
no hacen
el milagro.
Sintiéndome
que esta
no soy yo.
Y aun
cuando
solo
estoy sobrepensando,
el sentimiento se
vuelve tan real.
Todo
se vuelve
demasiado…
Caigo
al piso
queriendo que
esta pesadilla
termine.
Busco
aire fresco
a bocanadas
hasta que
vuelvo
a sentirme
bien de nuevo.
Mi corazón
se para,
mi respiración
se calma.
El episodio
ha terminado,
pero sé
que es momentáneo,
el gran monstruo
aún sigue ahí.



Responder a Zuri Aguirre Cancelar la respuesta