Te apresuran las últimas naturalezas,
hambre de tordos y ardillas,
crepúsculos y amaneceres atrapados
en los troncos finalmente cortados.
Te apresuran a vivir,
pero tú no quieres
sino burlarte de una canción:
«La psico-psique-patita/ va al mercado
con el rebozo de bolita de amarguras…
Y el psico-patito…soy yo».
Fatiga de ser cada día menos yo mismo,
de ser sólo, a ratos, este pervertido oficio.



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