Niña, ojos de papel, no dejes que nos borre el tiempo.
Cuando estoy junto a ti, nada transcurre y nos volvemos casi líquidos.
Tu sonrisa inextinguible gira como bailarina enmedio de la inmensidad.
Tu piel se derrapa ágil casi como un canción sin frenos.
En cada milímetro de ti hay una medida exacta del paraíso.
Niña, ojos de papel, por ti comienza el juego cotidiano. Los campos sembrados vuelven a ser elixir del infinito.
Átame con todos tus deseos. No dejes que los bosques se coman el camino. Que la hierba crezca en los ventanales.
Átame también con tu mirada, niña de los ojos de papel.


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