Y es que tiene una forma de besar…
Que no solo te eriza la piel…
te envuelve y formas parte de la suya.
No te hace suspirar…
vas muriendo lentamente,
y tiene la misericordia de permitirte volver a la vida.
Cuando entre sus labios te atrapa,
estás a su merced con tan solo sentir sus cambios de ritmo…
tan lentos y luego acelerados.
Provoca daños irreversibles al corazón… lo vuelve loco.
No te besa…
Te toma, te eleva, te suelta, te desarma, te destruye…
Altera tus sentidos hasta darlos por perdidos…
y lo peor de todo, es que uno lo sabe.
Uno está consciente de que ya perdió esa batalla interna de negarse
a volver a sentir, cuando ese beso no es un simple beso…
Es una dulce y sutil dictadura que, de la manera mas romántica y perversa,
le quita al corazón las ataduras…
No es que se presente diciéndote:
“Vamos a besarnos», con la idea de llevarte a la cama…
Es saber y entender en silencio que a tus labios les dice:
“He venido a hacerle el amor a tu alma…”


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