Ves un cielo abierto en la ida, luego —a la vuelta— vuelven a oscurecer tus pensamientos.
Aunque no debe de ser así. No más cerca de la realidad, la luz te ilumina y agudiza el alma, sintiendo que vas a volver y que nunca dejarás de pensar en ellos.
Tú crece, ama y da valor a aquello que lo tiene. A ti te lo digo: tú que estás lejos, seas tú, que me sientes y esperas.
Volveré y nunca dejaré de pensar en vosotros.


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