Solo yo sé de la belleza que guarda tu cabello,
cuando me recargo en ti y su perfume me inunda.
Te digo entonces que es un olor de una fruta muy dulce
algo parecido a una mandarina.
Cuando me pierdo en ese follaje de mil hojas nocturnas
me obligas a cerrar los ojos, pero te adivino como un mapa
que invita a un viaje seductor.
En tus hombros tersos guardas el misterio de mi pasión por ti,
como una bebida de leche en tazón de barro.
No me cansaría de recorrer tu cuello con mis besos;
ese es el camino hacia mi Patria.
Donde estás tú, está mi casa y mi canción soñada.
Nuestra pasión también tiende puentes entre los hombres de esta tierra,
tú con tu nombre de ciudad de un ser santo
y yo con mi nombre de ciudad surgida del aire.
Así vamos, reencontrándonos y amándonos minuto a minuto,
son nuestros besos y nuestras graciosas manos las que nos provocan.
Tu cercanía es un cofre de joyas y caricias tersas
que va tejiendo un rastro cubierto de bellas flores y doradas colinas.
Pensar que me necesitas tanto como te necesito.
Siempre estaremos unidos por estas ciudades.
Tus hombros son la ciudad de un hombre santo.



Responder a Pippo Bunorrotri Cancelar la respuesta