Un día añoraba tu presencia, como un pájaro nocturno espera la noche para poder volar…
y canté una canción a tu vestido blanco
cascada de nieve sobre tu esbelto cuerpo.
Te veías tan hermosa, casi como haz de luz en medio de una misa.
Antes solo soñaba con mirar tu bella imagen desde lejos,
y es que tenía miedo de saber tu nombre.
Estaba atrapado entre ventanales y pasillos
la vida me tenía entre la espada y la pared
si bien yo seguía soñando con estar a tu lado.
Me costó tanto llegar a ti
tuve que vencerme a mí mismo para lograrlo.
Aunque el triunfo final fue el de tus bellas y cariñosas palabras
anidándose en mi corazón.
También te recuerdo con tu vestido floreado
ese con el que parecías una obra de arte plasmada por algún pintor solitario en medio de un abierto prado.
Cómo me recordabas a las mujeres de mi provincia.
Tu nombre, por cierto, evoca una ciudad de un hombre santo.
Ahora que desgrano –una vez más– tus besos, recuerdo:
soñaba con tu compañía como un espantapájaros
en medio de un campo recién sembrado.
Pero ahora eres un sueño hecho realidad.
Los perfumes más bellos llegan a la tierra
para llevarme a ti que eres mi destino.
Nunca te separes de mí
aunque los verdes valles se conviertan en ciudades.



Responder a dixivale Cancelar la respuesta