No estaba yo en tu agenda,
sin embargo, comenzó a aparecer mi nombre en tus contactos.
Entre prisas y trabajos pendientes todos parecían jugarme una mala broma.
Mis compañeros de trabajo creían que era un tipo sin talento y sin experiencia
que no me atrevería siquiera a saludarte algún día.
Es que era un pasado de moda, siempre llegaba a beber café,
leía la sección de cultura.
Tú, siempre tan formal y tan bonita, te hacías la que no querías cruzarte conmigo
(frente a ellos).
Tus amigas me hicieron creer que eras inalcanzable,
pero yo no las tomaba en cuenta.
Era lo suficientemente engreído como para mantenerme lejos de ellas.
Por mi parte, creía en unas ideas pasadas de moda.
Creía que los hombres desde que nacemos somos como islas,
pero desde que nos conocimos te encuentro en todas partes.
¿Cómo fue que comencé a figurar en tu agenda?
Los lunes por las mañanas hago tu cabello para que llegues temprano.
Los martes me toca besar tus manos
y acostumbro acompañarte, abrazados de la cintura.
Los miércoles te pido que te pongas en especial esa blusa
la que me permite admirar tu espalda.
Los jueves aprovechamos para usar sombrero.
Los viernes ya estoy en tu voz, escuchando una canción.
Los sábados y domingos cierran nuestra agenda, cariño.
En ellos somos este dulce viaje extenso que es la vida.
Nada más y nada menos. Eso somos.



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