Voy detrás de ti con un vaso de agua para tu desierto.
Voy de tras de ti como una novela romántica, abandonada sobre la mesa de un parque. El viento resopla ligero, agita sus hojas. Estas se despliegan sobre sí mismas. Sonrío mientras te pienso. Fumo un cigarro recostado en el pasto verde y bajo la sombra de un árbol. Tus ojos se posan en mí y me preguntas: ¿por qué sonríes?
Antes de contestarte, como una casa llena de sueños me conmueve la intención de hacerte un retrato que se guarde en mis pensamientos.
Cualquier deseo que te haga mover un dedo me atrapa, y recorro ahora, una vez más, los pequeños valles que forman las caracolas de tu cabello.
Desde hace tiempo nos buscábamos.
Nos abrazamos con cariño.
A media tormenta, navego dentro de un barco atrapado en una botella. Un ser semejante a un hombre interpreta con su mirada traslúcida un juego caprichoso en el que interviene la luz solar.
Tú me refrescas también con tus cariños. Somos al fin azules en este paisaje.
Yo llevo las manos a los bolsillos y a veces pateo una lata vieja. Sin embargo, te enamoraste de mi cabello, tipo Malibú, de unas décadas atrás. Soy un pasado de moda… Pero llevo un vaso de agua para tu desierto; así lo pienso.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.