Brotan sensaciones del espacio que parecía vacío en mi pecho, siento como se renuevan las fibras que se rompen a diario en mí cabeza, y se quiebra este hielo que enluta a mi corazón.
Es que te siento, tan tuya y tan mía, como las nubes del cielo que caen en el mar. Comparto contigo este calor que me arropa, como el sol que desaparece tras la montaña en estas tardes de perpetua tranquilidad.
No es una tarde más entre tus brazos, ni otra caricia repentina y temblorosa; son movimientos únicos e irrepetibles, que se nos dan tan bien, que la piel siente que no quiere ser tocada por otra piel, y mi boca, no quiere ser besada por otra.
Solo tú y yo, y de testigos unos pocos sentidos del paisaje, un tranquilo pájaro que canta para nosotros, el viento que sopla y nos revuelve el cabello, y en mí, un imponente sentir que me obliga a anhelar eternas estas tardes de sosiego.
-LF Medina


Responder a Luis Felipe Medina Cancelar la respuesta