De trigo revistes tus broches;
de viento tus tenues sonrisas…
Agitas color y alegría
en tanto te dure la vida.
Cultora del tiempo que ensayas
canción y feliz melodía;
a veces también tus rumores
regalas con rubias cenizas.
De ocres sonrisas vencidos
tus ojos de pronto entrecierras.
Desvelos de advientos han visto
tus ágiles alas viajeras…
De noche, si acaso te duermes,
renuevas visiones eternas;
tus manos alondras alumbran
las sendas de mi alma agorera.
Me pierdo, mas siempre te encuentro;
orientas mi senda en seguida:
y filtras también en mi aliento
tu lluvia de oro molida.
Del huerto cansado no busco,
quien sea mi centro o mi guía…
Pues guardo ya en mí, girasol,
radiante tu luz: misterio del día…


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