Envejecí aquí,
amargo perro equivocado.
Husmeaba, buscando
las antiguas señales de la vida
pasada, donde todo podía ser
su contrario.
De todo ello
nada quedó.
Si acaso
el iluso recuerdo
del cadáver que quise llegar a ser;
al que quise velar,
pero no pude, y no pude
porque sólo el que vive de verdad
puede morir de verdad.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.