En vestigios de una ciudad dormida,
tus piernas reposan en lóbrega paz.
Recinto de entregado sabor agraz,
llama la amante voz a la elegida.
Venga en total condena a mí, la vida,
en turba sombra cobra la fortuna.
A los recios pasos en caballuna,
en que se somete cualquier herida.
Soy sin duda alguna, soldado innato.
Soy de la batalla sin duermevela,
que habrá que desvivir al ingrato,
como se escribe luz en la estela.
Errado firmamento en que tropiezo,
cual rebelde jinete con espuela.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.