No hago ruido en la oreja del otro, cargo con mi demonio.
Guardo el deseo detrás de los dientes. Que rechinen,
maceren las palabras que trence y no se envilezca el espíritu
al revolcarse en mis vísceras.
Consecuencia de un estallido de luz,
reclamo la sentencia de estar viva
donde se prolongue el infinito
y la melancolía no profane
las ganas de creer que existo en el abandono
de mis latitudes.
No espero nada de los muertos
En la pendiente, mi sustancia se apropia de la calma.
Mi cuerpo contradice el hambre
y la llaga donde el silencio miente.
Camino.
Me adhiero a la vida aunque de mí se desprenda
El Cuchillo
que me mata sin saber lo que no me toca.
Mejor será que convoque lo que creo.
E m i g r o.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.