Cuando ella me cantaba, yo, me quedaba dudando,
me detenía en cada canción y, palabra por palabra,
pareciera como si yo pudiera sobrevivir en cada una de estas.
En sus letras se formaban unos círculos pequeños y negros como tréboles verdes.
NO PODIA CREERLO.
Y seguía pensando:
cómo era posible que en esas sencillas canciones me decía te amo,
cómo era que me decía que me quería,
cómo era que me decía que pensaba en mi…
Todo era un sueño maravilloso e interminable.
Y entonces cerraba los ojos y los minutos me parecían interminables
y tristes, alegres y dulces,
cómo deseaba que la vida pasara más rápido para siempre estar escuchando sus
canciones para no olvidar sus pequeños pechos,
sus ojos café claros
y sus tibios besos.
Algunas veces pensé que ella no lo decía…
que era una fuerza secreta y oscura la que me mandaba siempre que la escuchara
y que ella me escuchara a mí.
Ella me amaba y era verdad.
Y en esa imperante necesidad de callarlo y de no decirle nada a nadie
yo me consumía por dentro…
Siempre guardé ese secreto como un valioso tesoro.
Mi alma se hacía como gelatinosa
y pensaba en ella mientras repasaba mis propias canciones,
¿cómo decirle todo esto que sentía por ella, cómo…?
Y pensaba en Pablo y en Guillén
y pensaba en Juanga y José Alfredo
Pero al final, con todo el desastre encima, supe que tenía que ser yo mismo,
que simplemente tenía que decirle quién era realmente…
Ser, de alguna manera, auténtico
y comprendí que tal vez no sobreviviría,
que lo perdería todo,
su amor, su buena estrella.
Y cuando pienso en todo esto,
me confundo y pienso en mis hermanas que me cantaban cuando era niño
y sin saberlo ellas estaban cantándole al hombre que ahora soy
o al que ellas querían tanto que me convirtiera.
Y cuando supe que ella se iría de mi lado
yo recordé esas humildes canciones y supe que tendría que dejarla partir.
Todo esto lo pensé cuando ocurrió su ausencia…
Ahora que soy un hombre y me veo lleno de batallas perdidas
y de heridas y de dentelladas furiosas,
no sé cómo me convertí en el jefe de esta tribu.
Por eso ahora yo te pido que no maltrates a la mujer que amas,
no la lastimes.
Piensa en tus hermanas,
ellas siempre hubieran querido un buen hombre a su lado
para que cantaran juntos esas canciones cómo tréboles,
que me cantaron.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.