¡Oh noche, que guiaste! − Mario Guzmán

Cuando era un estudiante allá en mi querida escuela (la Universidad Autónoma de Sinaloa) teníamos un maestro colombiano que tenía la bondad de leernos un poema diariamente. Recuerdo que alguna vez nos leyó «Noche oscura del alma», de San Juan de la Cruz y que comentamos algunos detalles sobre ese poema y el propio autor. Nada trascendente. Lugares comunes. Que era una poesía espiritual, por ejemplo:

«Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada!».

Era muy revelador, escuchar a un religioso expresarse admirablemente sobre el deseo, tema muy censurado por el dogma cristiano. 

En este breve fragmento podemos encontrar ciertos signos para poder entender todo el poema. En la primera expresión se invoca a la noche, la cual, además de ser un mapa o una brújula, es un ser con voluntad propia que ha trazado el encuentro entre dos amantes, como un signo de purificación para poder escudarse de la vergüenza de la luz.

En el siguiente verso hay cierta rivalidad entre la oscuridad y la luz. La oscuridad es cómplice y el día es un tonel que se opone al encuentro de los amantes.

En los siguientes tres líneas, hay una transformación de la amada, quien −por medio del amor y la pasión− es transformada. 

Todo esto viene a mi memoria con el recuerdo particular de aquel profesor que leía en voz alta ante unos cincuenta jóvenes que lo escuchaban entre un silencio infinito, sensible y sensibilizador. He aquí la importancia que tienen estas apasionantes lecturas a través de la vida.


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