Es la delicada monotonía de la mañana la que trae a mi mente la noche anterior.
Frío desapacible entre aquellas paredes blancas con el ir y venir de nuestra pena estrellada desde un silencioso llanto.
Una amalgama de sentimientos que envolvería desde entonces nuestras palabras beneficiosas.
El sutil velo cubría el momento de mi vida en el que sostenía un gran pesar de orfandad.
Sostén al que me aferró tu indulgente postura de comprensión y tangente confianza de tus amables palabras.
La década ya nos ha visitado, arrancándonos aquel doliente recuerdo, pero teniendo presente que sigues aquí.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.