Una pirámide que emerge del sueño de la tierra,
el rastro que dejan los huracanes,
las lluvias insistentes en mojar las selvas,
el mar, incesante, en gritar su furia
salvajemente agita su ser.
No es cuestión de tener ojos para ver
mi corazón ve más y no deja de latir.
Un día, tu carne y mi carne
volverán a saciarse de vida
sin sacrificar un corazón.
Entenderemos las tormentas.
Ahora, pedazos de misterios azotan mis manos
codificando mi alma humana caminante,
en un mundo donde las flores
romperán el asfalto, volverán a ser cantos.
Tú, mi pedacito de jade,
guardadito con celo entre mis pechos,
escucha está canción,
descifra sus misterios.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.