Fui débil ante su cuerpo.
Le creí muy bien sus mentiras,
pedí perdón cuando ella hizo la ofensa.
No solo supe que me engañaba
fui amigo de su amante,
yo mismo le abrí la puerta
hace mucho, mucho tiempo.
Traté de ignorarlo
hasta que dije basta.
Alzando la voz, me fui.
Obviamente, cuando lloró
ahí al fin se delató.
Entendí sin palabras
lo que estuvo frente a mí
por años y años.
Ya no estamos juntos;
tampoco la amo,
aunque admito extrañarla.
Pienso en ella
en tantas noches
donde no solo era mía.
No quise verlo,
no escuché
aun teniendo pruebas
¿Llorarle? Eso no.
Como todo un hombre,
habré de seguir adelante.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.