“Mañana será un día muy pesado”, repito susurrando, mientras mis ojos inevitablemente se cierran.
Caigo en un sueño profundo, pero a lo lejos escucho tu voz acompañándome.
He vuelto a pasear de tu brazo por esos verdes parajes y luminosos y calmos caminos que asuzan a lo trágico y llaman únicamente a los besos, al cariño, a la flexible sombra del decirse “te quiero”.
He vuelto a soñarte, como un pájaro que regresa del otoño.
La prisión no es buena, pero sé que de algún modo alcanzaré la libertad y entonces podré abrazarme a ti.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.