Hadas − Eduardo Ramírez Moyano

Guiño creciente de gajo de perla; de luna abrazo. Astro loco, casi llena; broche de luna, de la noche diadema. Estrella blanca, emisaria del blues de la madrugada.

Luengos nimbos, rosa fosforescente, rotulan versos en el horizonte. Tras la siesta, declinan los colores: vivos de los edificios en penumbra; ambarinas manchas de algodón sobre mármol de cielo añil. Ya brillan las farolas en la oscuridad de las calles. Y tienden guirnaldas de rosas de las hadas su aureola; mariposas grana y nenúfares de marfil. Se abre un telón rojo pasión, y dos nereidas retozan a su antojo en el estanque. Vuelan peces azules y pajarillos a la par y, en un instante, los goblins me encienden el farol.

¡Danza, llama, danza que eres el alma de mis andanzas! Elemento libre de Natura y foco de las miradas.

La plata de la noche brilla en el café templado, mientras mi abuela charla con otra gnoma de su edad en el salón. Los peluches van recobrando vida lentamente, al igual que el pisapapeles que es una esfera de nieve. Machupichu al fondo, proyectado por una druida. Hágase en el juego melodía, y el altavoz desprende cantautores desde el ordenador. La hoguera de tres hadas mi presencia reclama mientras me pongo el pijama: una rubia, de ojos azabache y piel tostada; otra morena, de cabello rizado y ojos verdes esmeralda como de isla paradisíaca; la tercera, pelirroja y brava, labios carmesí.


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