Aún su calor era el mismo
que tuve conmigo
en noches derrochadas
por tanto hacerlo…
Donde caer rendido
no era mal visto,
al fin de cuentas
ese fuego lo encendíamos
y lo apagábamos juntos.
Solo había una diferencia:
no podíamos estar juntos.
No debimos estarlo.
Y no sería lo mismo
si llegase a repetirse.
En realidad ninguno lo desea,
aunque por dentro
a los dos nos consume
esa ardiente fantasía:
hacer el amor otra vez.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.