Réquiem escarlata levanta el séquito,
priones somatados arriban luto.
Faldas de tormentas ibéricas
en moros jinetes aparecen en sus jamelgos,
llenan la grana corte en solemne ceremonia.
Despedida fúnebre al vate lúdico de Fulham,
en cruento escenario de apocalíptica atmósfera.
Se da el puñado de muerte, mientras las ánimas
danzan, deambulando las salas y solitarios auditorios.
De abismal púrpura, bardos trovan líricas rockeras.
En la lunáceas tasan gratitudes y respetos
que llenarán la fosa de su sepulcro.
Incondicionales inician el fuego en la barcaza de Caronte.
Es la partida a uno de los nuestros.
Desde su palco, la bermeja reina hace exequias
dignas del epitafio: Yace aquí el hombre esquizoide del siglo XXI.
Algunos títeres asoman su llanto en el cortejo del farewell,
mientras niñatos ronronean el rock nuestro de cada día.
¡Adiós, poeta de la Corte del Rey Carmesí!



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.