Apenas tomabas de mi mano,
y ya comenzabas a crear caos y no solo en mi,
pues con tu determinación empezaste a desafiar e incluso tener el descaro de destruir las leyes de la física. El espacio-tiempo sufría alteraciones, sentía que el tiempo de la nada comenzaba a esfumarse como arena en mis manos, pero de pronto todo se volvía lento. O quizás te pusiste de acuerdo con la luna y las estrellas para que hicieran outfit con tu perfecta sonrisa, y yo… ¿qué te puedo decir? En mi cuerpo se comenzaron por acelerar las palpitaciones, cada latido pronunciaba tu nombre, volvías a mi corazón loco, mientras los suspiros de tu ser ponían a prueba mi cordura. Yo me encontraba inmerso en la profundidad de tu mirada, mi cuerpo existía, pero mi alma se encontraba desplazándose por el universo, acariciando miles de galaxias. Podía admirar las constelaciones alrededor de ti, de mí, estábamos siendo envueltos en polvos estelares, mientras dejaba evidencia en tu piel con mis huellas dactilares…
No sabia dónde me encontraba, pero sí sabía que quería vivir y morir ahí. No me importaría tomar cualquier riesgo, yo te defendería hasta de ti, de ser necesario. En esos días, cuando compliques tu existencia por un aroma o un sonido, amor mío, te quiero conmigo, bajo el cobijo de tu mirada que emana dulzura y gemidos celestiales, y aquellas que se debaten las horas con tremendos líos haciendo pactos con seres infernales…
Pero déjame decirte…
que a tu cielo o a tu infierno…
mis intenciones son las mas leales.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.