Octavio Paz y los reveses del poder − Joel Gustavo Rodríguez Toral

La óptica en cuanto a que Octavio Paz fue siempre un favorecido del antiguo sistema político mexicano ha sido y sigue siendo muy sostenida. El ganador del Nobel en 1990 fue señalado como un privilegiado; sin embargo, este poeta, como muchos mexicanos, tuvo significativos reveses ante el poder priista dominante, si bien es cierto que él no renunció a las primeras de cambio sino que aprovechó los instrumentos protocolarios a su alcance para hacer sus sui generis protestas, ello ante hechos infames como la matanza de estudiantes ocurrida el 2 de Octubre de 1968 en Tlatelolco. Así, su protesta protocolaria, al solicitar permiso de su cargo de embajador en la India, logró hacer mella, y no pasaría inadvertida por el presidente Díaz Ordaz, ello toda vez que una acción de tal contundencia resultó insólita durante todo su gobierno. El mismo mandatario lo señalaría en una entrevista con gran incomodidad, y a sabiendas de que Paz continuaba recibiendo una paga, aun sin estar en el cargo.

A partir de ahí el poeta quedaría expuesto al ojo público, como un sujeto siempre dispuesto a ejercer una crítica artera frente a las circunstancias del país y el accionar de los gobiernos mexicanos, y, al respecto, no faltaría algún político que demeritara su labor, señalando que Paz no debería de meterse en esos terrenos, sino que se dedicara solo a la poesía.

Dos libros de Paz ejercen esta crítica feroz hacia la política mexicana: Posdata, en donde expone los hechos de la matanza del 2 de octubre, y el Ogro Filantrópico, en donde señala las deficiencias del tododopoderoso partido en el poder de aquel entonces (el hoy infame PRI tan de capa caída).

Es curioso cómo estos hechos pasan del todo inadvertidos para quienes señalan a este intelectual como un mero ser al servicio del sistema, pero quien además siempre mantuvo un diálogo así fuese extenuante con la izquierda, ello a partir de su rompimiento con la izquierda comunista, bien de Cuba, bien de la ex Unión Soviética (primero esta última y después la otra).

En cuanto a su vivencia militante, recuérdese que al terminar su carrera de abogacía en el Claustro de San Ildefonso, Paz renuncia a la titulación inmediata y al cobijo de su familia y se va cuatro meses a Yucatán, donde vive la aspiración de ser poeta revolucionario. Esa etapa en las haciendas que proveían el henequén, y las comunidades étnicas mayas de Mérida, fueron la vivencia más utópica del poeta Octavio Paz, pero está en sus primeras obras, las menos mencionadas y quizá menos conocidas.

En seguimiento de ello, conviene recordar cómo el jovencísimo y ya polémico Paz, allá por 1937, justo antes de irse a España, al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (convención de escritores y artistas antifascistas), en el hoy extinto Sanborns de La Fragua, departiendo una noche en compañía de varias amistades, y al lado de su entonces flamante pareja, Elena Garro, escuchó a un comensal gritar: “¡Viva España, viva Franco!”, a lo que el propio Octavio, sin miramientos, replicaría con otro grito: “¡Viva España, muera Franco!”, provocando una trifulca que lo llevó a terminar ante el MP, y a pasar el resto de la noche en una celda.

Si bien el otro polo ocurrió cuando en 1984, ofreció el discurso “El dialogo y el ruido”, durante la Feria del libro de Fráncfort, su dura reflexión en contra de la triunfante revolución sandinista provocó que durante una manifestación frente de la Embajada Norteamericana en México, se quemara su rostro.

Pero otro hecho que muestra a Paz como un ser solidario fue lo acontecido con el periódico Excélsior. La dirección de Julio Scherer, al frente de este periódico, era de gran incomodidad para el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez. Y ahí Octavio Paz realizaba el suplemento cultural “Plural”.  Ante la injustica cometida al obligar a la destitución de Scherer, Paz, junto con su equipo editorial, abandonaron también el proyecto. Pasa entonces a fundar Vuelta, revista sui generis de cultura, crítica, arte y poesía de México.

De esta manera, aunque el mismo Paz narra y explica en infinidad de textos sus razones y motivaciones, y estas han sido replicada ampliamente por sus epígonos, al parecer toda esa narrativa ha sido anulada por libros como El rey va desnudo de Enrique González Rojo Arthur o La divina pareja: Historia y mito en Octavio Paz de Jorge Aguilar Mora. Tal anulación de su figura crítica, a la vez que poética, corre aparejada con los certeros ataques que en su contra enarbolaron los infrarrealistas Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro, como la sucedida durante un recital en el Palacio de Minería, el 9 de octubre de 1977. Mientras Paz intentaba a leer sus poemas, los infras saboteaban con gritos la lectura, tuvo pues que ser cobijado y defendido por Efraín Huerta, también poeta lector del mismo recital.

Demasiados hechos demuestran que Octavio Paz fue un poeta en los tiempos de transición de México, un poeta que decidió ir a contracorriente del sistema de poder, y que indudablemente, a pesar de ser altamente expuesto a la opinión pública tanto en vida como a 26 años de su deceso, guarda un lugar y una estatura inamovibles en nuestra cultura. Su figura pública en algún momento superlativa jugó  en su contra; sin embargo, también supo capitalizar esa sobreexposición; por otra parte, sus polémicas nunca abogaron por la censura sino todo lo contrario, llevó así el debate hasta altas cumbres mientras exponía sus grandes diferencias con los también titánicos Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis o Mario Vargas Llosa, primordialmente. Al respecto, es curioso destacar cómo en 1994, durante un recital de su poesía, un joven inglés dijo admirarse de tal trabajo poético, toda vez que, para él, Octavio Paz era más conocido por sus textos políticos. Esto asegura que estamos ante un escritor que incluso a la distancia deparará aún sorpresas mediante sus profundas reflexiones.


Descubre más desde Letras en órbita

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *