Singular narcosis en que soy un espectador.
Cual perdido Dante en la negrura del bosque,
entro en un estado de inconciencia y descanso.
Como en surrealista escena estoy vestido formal,
esperando por invitados a una velada,
en la que estoy, sin saber la razón,
rodeado de gente lejana a mí,
pero que comparte el convite sin reparo,
destrozada cama, rompecabezas sentimental,
afecto roto en el vilo de un abismo.
Todo lo entiendo, pero ¿qué ruido hace el caos?
¿Quiénes celebran nupcias a deshoras y de improviso?
La unión de aquellos imposibles que nunca emparejaron
las páginas de su libro de vida,
esos que hicieron con las horas un juego,
un estar dando vueltas,
esos que nunca fuimos y que nunca seremos…
¿quiénes son?
Miro asombrado la fractura de mi lecho,
feroz quimera que me sobrepasa en el balance emocional
de la sombra de lo que alguna vez fui.
Sí, en un sueño hay los resultados de tanto deshecho,
tanta verdad dura como la cantera que sostiene la soberbia
con el pulido oro donde brilla para siempre mi petulancia
y una existencia inhumana con la que no podré esconderme
en la refracción de un espejo.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.