Los verdes y brillosos quetzales vuelan hacia a ti.
Van por todo.
Te atrapo en los dinteles del amanecer.
Un pintor pinte un jarrón con flores para nosotros.
Una moneda sea bruñida por el sol.
Voy por todas.
Vuelas.
Distantes las aves buscan los caminos para llegar a tu corazón.
Tan frágiles que son estos coloridos plumajes, pero vuelan al infinito.
Preparan los caminos arbolados hacia nuestra habitación.
Tu cabello derrama dulzura en tus hombros.
Eres tan transparente como esta canción.
Tu nombre, un tatuaje chino; tu mirada un mar de árboles.
En tu vientre hallé semillas de pinos.
Montañas me hacen falta para recorrerte.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.