Sólo soplos
de pungido y celentéreo,
arenando lechos,
avenando eroarrumacos,
meciendo marinas sexuales,
destejiendo Penélopes fieles
en casi entera luna.
El tentempié de la fragua
¿En qué piedra la flor se pone?
Se escriben al tanteo
en la piel
nombres,
en que las cabriolas anidan
muslos femeninos en sombras,
fértiles valles de Dionisio
El interminable erofrote
en la noche que babean astros
en íntimos amancebamientos…
El sabaneo lúdico
de telúricos lectores
recipientes eternos
de la copulación clarividente
dilación verbal
en que se quiebra
el trazumo eropoeta
en ego gorgoreo
con la expuesta tinta
de tanta blancura imantada
en la página.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.