Me he enamorado
de la vida
en cada paso
y parada
que he hecho,
demostrándome que,
a pesar de que tuve que crecer
tan rápido,
descubrí lo hermoso
de cada parada.
Me volví salvaje,
una fuerza de la naturaleza,
invencible,
y aunque las situaciones
me convirtieron
en una heroína
sin capa,
en un milagro
de la sociedad,
he podido crecer fuera
de ella.
He andado errante,
como zombie,
vacía como tumba,
perdida sin saber
quién soy,
abrazando la soledad,
siendo un pilar,
tratando de respirar,
tratando de mantenerme
en esta realidad,
siendo el orgullo
cuando en verdad
sentía que no avanzaba.
Extraño la persona
que pude haber sido
sin tener que levantarme
e intervenir,
pero, aun así amo la persona
que logré ser.
Esa persona que
ha pasado por el
ojo del huracán
y sigue sin
rendirse jamás.
Me he vuelto
arte para el
ojo experto,
un diamante
lleno de fe,
una superviviente,
que ama vivir
sin metas
imposibles,
con sueños que aún no se apagan,
y, sobre todo, con cicatrices
de batallas
que no me avergüenzan mostrar.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.