I
Memorioso, noble polvo,
te edificas lentamente
para formar en mi mente
estas palabras de polvo.
El corazón desempolvo,
y vivo regularmente
una escritura demente:
Espejo en donde me empolvo
de desgraciado egoísmo,
de irracional esperanza,
de serenado egotismo.
Debo trascender mi panza,
y no seguir con lo mismo.
¿Para algo ya me alcanza?
II
Un patán frente al espejo:
Mi verdad el día de hoy.
Fracasado es lo que soy
cuando del Señor me alejo,
y dejo de ser reflejo,
y dejo de ser conducto.
Egoísta mi usufructo,
enfermedad sublimada
en una atareada nada.
Estas palabras te eructo.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.