Hay verdades adormecidas que no se me despegan del cuerpo.
Migajas de palabras que no se dicen
por miedo a estropear el sabor del café.
Ojalá te las hubiera dicho.
A veces me sofoco y me atraganto con ellas
y tengo miedo
de desbordarme un día
e inundar la misma habitación que tantas veces me ha acogido.
Las he llorado,
incluso he intentado sudarlas,
evitar el desborde por la boca.
Se las he dicho a otros,
buscando un consuelo.
¡Cuánto duele la verdad que no se dijo!
Hay días que no son.
Días donde la mentira se hace pasar por mar para llamarla esperanza.
Sólo espero no te ahogues.
Tu verdad nunca la escuché.
Finjamos.
No te las digo.
Aunque en el fondo ya lo sepas.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.