En el transcurso común,
en la luz tripartita,
cual las velas de un candelabro,
el amor sobrevive en la figura
de una pareja de ciegos.
Cantan.
Sus bordes no son dorados,
pero tienen un limpio trabajo.
Tal vez en su espíritu,
volutas y racimos de oro,
arquitrabes y columnas barrocas,
navegan, reconstruyen místicos momentos
donde se quiebran las medias lunas de sus dolores.
Las armas del ángel,
las palabras que nos devuelven
escaleras frías
y columnas enfermas de tanto mirar.
Si esto ocurrió, ocurre, o va a suceder
nosotros no lo sabemos
aún cuando limpiamos con rayos de sol
los eternos escudos de fuego.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.