Duermes en mi pecho,
abrazada tiernamente.
No dejo de pensar en el después,
luego de que preguntas:
¿Qué pasará? ¿somos algo?
Te sugiero no caer en complejos.
Quizá rogamos por tenernos.
El deseo creció mutuamente:
tú estabas lejos; yo sentía frío.
Apareciste; no coincidimos.
Hablamos lo necesario,
hasta que pudimos «hacer el amor».
Lamento no decirlo,
pero aquí mismo lo sabrás.
Ambos fuimos capricho,
agua dulce para saciar nuestra sed tan evidente.
Buscabas cariño, así te entregaste;
bajé la guardia,
mostré ternura para encontrarnos en esta cama.
Despertarás, y te veré ir;
no pienso detenerte.
Tampoco pidas que te siga,
aunque te quiera,
si te quedas puedes lastimarte
y no quiero hacerte daño.
Así que, duerme,
no quiebres tu cabeza
preguntando qué pasará después,


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.