A Lara − Eduardo Ramírez Moyano

Hoy mis sueños se iluminaron de gala con tu presencia maravillosa, dulce Lara. ¡Oh, preciosidad de voz clara!

Tu acento me embelesa, princesa. Y acaricia el alma sensible de mis oídos, que giran y giran en noria multicolor cuando te deslizas ante mí, cual musa fugaz y pizpireta, sirviéndome, con gracia divina y detalles de diva, la merienda, y sonríes, y me hablas, y ante tal torbellino de beldad y mimo, yo casi no encuentro palabras. Más bien, sabe Dios que en mí el mayor de los sentimientos desatas.

¡Oh, mi dulce Lara! ¿Quién no te deseara?

Cuerpo del delito, por cuyas curvas afrodisíacas cualquier mortal daría la vida, y con el corazón henchido y la mente ida, este cantor de la beldad femenina alucina.

Hechizado entre carruseles de todos los colores del arcoíris quedo, cuando te miro, y matices cientos de destellos refulgentes y entes del deseo veo porque te anhelo, ¡oh, dulce Lara! ¿Quién no te deseara?

Describir toda tu belleza no puedo, ángel precioso, pero al menos espero haber versado una somera aproximación…


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