Su nombre − Eduardo Ramírez Moyano

Tengo que saber su nombre ya mismo o moriré. Vivo dentro de un abismo desde aquel café servido por la Diosa de cabello dorado, sonrisa vertida desde el Séptimo Cielo, yo más que admirado, por la maravillosa silueta de nereida de ayer.

Sonrisa preciosa de ojos claros. Sus manos dulces de nívea paloma volando raso dejaron mi alma suspensa en idílico cuadro. Que las gracias es decir poco para tan bella princesa del más puro arte barroco.

¡Ay, magna criatura, hija del Creador de la Natura!

Tenga este humilde trovador que conformarse con un puñado de versos declamarte. Unas rimas para desearte la mayor de las dichas, voladora mágica bajo la gran bóveda adamantina, brillando cual gema caleidoscópica entre las deidades más hermosas que haya visto la más linda mariposa.

¡Oh, mujer de mis sueños, sueño de mi vigilia!

Hoy he visto en los Cielos la presencia de mi Diosa en tu carne hecha armonía.

Pero, por favor, dime tu nombre o moriré. Necesito saber tu nombre antes de que termine el día, para poder escribirte otra poesía.


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