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El farol – Eduardo Ramírez Moyano

Subo la cuesta hacia el rodeno, portando el farol vintage en una noche negra de verdad.

Estoy excitado de café y de tabaco de liar, con la mente puesta en lo único que anhelo encontrar.

No son brujos ni hadas, no se trata de fuegos fatuos a ras del suelo del cementerio local.

Es algo mucho más misterioso y real.

No me detienen las correrías de los roedores, ni de los búhos el ulular;
tal y como entendí, he dejado el celular.

Así que cada sonido, cada sombra, cada criatura hija de la Luna cree que yo soy otra más…

Pero no puedo evitar pensar en ello y temblar.

Tampoco llevo arma alguna, como me indicaron.

Sólo alma y ningún prejuicio, cuando bordeo la laguna.

Quedan cien metros y cinco minutos para llegar a la explanada.

El rocío es un espectro que mordisquea mi médula helada.

Ya he llegado… Un minuto para lo que sea.

Alzo mi farol, treinta segundos, veinte, diez…

¡Es la hora!

Se acerca, unos tres metros de altura, miembros alargados y cabeza enorme, ojazos azulinos y tez de escamas verdes.

Me extiende su lánguida mano.

Como me prometieron, los extraterrestres han cumplido su trato y yo… ¡ Yo, por fin, he tenido un contacto!


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