No debería de decirlo, porque nuestra habitación tiene mil alas y mil abismos, pero que son las cadenas que nos hacen volar y con ellas (y en ellas) nos llenamos de ensueños e ilusiones.
Cada pequeño girón de tu piel tiene muchos maneras de decirme que me quede un momento más, o bien de recordarme que tengo que perseguir mis sueños.
Cuando estoy por salir de casa, las cadenas de tu dorso desnudo me inmovilizan, me hacen la broma de pedirme un beso y en ese segundo quedo inmóvil, prendido como un caracol en su verde hoja .
Hay mil maneras de quedarnos otro rato más. A veces eres tú o a veces soy yo, siempre jugando a ver cómo nos atrapamos.
Pero hasta cuando me abrazas me haces más libre. Qué manera más bella de tocar mi alma. Es como si un bosque de pinos llegara a la ciudad.
No quiero salir de casa, quiero que me abraces otra vez. En ti sueño, cierro los ojos y mis pensamientos vuelven a volar. Voy de nuevo tras de ti, cariño.
Te digo así, pues así te gusta que te diga.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.