Siempre te lo he dicho, nena,
pues sé que puedo adivinar
cuando titubeas por miedo
de que me vaya de tu lado.
Y es que cuando tratas de ser una mujer seria
para decirme que no estás jugando y que podría perderte,
en mi corazón surge la magia para ver la niña orgullosa que hay en ti.
Y es que, mientras desgajas esa mandarina,
confirmo que aunque no estés conmigo
puedo sentir tu bella compañía.
Nos hemos atado como el perfume de ese cálido fruto
que me hace probar tus sueños y alejar tus temores.
Tu piel es la cáscara de mis más belllos deseos.
No eres solo una opción, nena.
Eres la mujer soñada para mí.
Quizá no lo sabes, pero mis besos se reparten como un clarín
cortando su cáscara por la mañana,
y tus bellas y cariñosas palabras me embelezan
como un remoto idioma para dos.
Cuando veo el lenguaje de tus bellas miradas
y descifro el lenguaje de tus abrazos me arrastras hacia una añoranza infinita de cariño.
Así, nena, esa es mi manera de decirte que te quiero
y que estaré a tu lado siempre porque eres el cariño guardado,
aunque pareciera que sin querer algún día nos encontramos,
pero ya mi corazón te había dibujado en mí.
Por eso cuando te abrazo o cuando te beso
y un horizonte de árboles de ciudad nos alimenta, tú escuchas que no son esas solo palabras huecas
ni eres un simple deseo.
Y es que siempre me han dicho que soy un soñador,
que solo busco mejorar al mundo, cuando es imposible hacerlo,
hasta que me obligan a que me refugie en ti y que te abrace,
para que permanezcamos unidos algunas noches más.
Pero tú vuelves a preguntarme que cómo puedo estar tan seguro de que te amo y que no eres un simple deseo…
Entonces, nena, al fin me confundes con tus preguntas, y tu mirada café se vuelve un revólver contra mi pecho. Pero tengo un arma secreta porque ya sé decirte que eres mi desvelo, siempre,
y que siempre estarás cerca de mí,
y te digo que, aunque no estemos juntos,
tu bella compañía me ilumina
y eso es algo que me explicaron que es el alma,
es decir, lo que nos hace estar tan juntos.
Como cuando desgajas esa mandarina y tu bella sonrisa nuevamente se asoma y la compartimos,
así, tu piel es la cáscara de la mandarina, pero el alma es como el jugo y el sabor interior:
el río inmenso de la vida.


