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La vida en una sonrisa V – Mario Guzmán

Juan Carlos siempre tuvo un don, aunque nunca imaginamos que iba a llegar tan lejos. Desde que nació su llanto fue inusitadamente estruendoso y, por supuesto, la partera después de darle su nalgadita (y ya repuesta del susto y de la sorpresa) decretó : «Señora, señor: aquí tienen a su varoncito; creo que va a ser cantante». En aquella nuestra comarca todos pensábamos que por su voz llegaría a ser un gran tenor. En tanto aprendió a hablar, empezaron sus primeros ensayos, por cuenta y riesgo propios. Ya en el bosque, a campo abierto, lanzaba una y otra vez sus impactantes modulaciones, aunque aquellos sonidos nada tenían que ver con la Carmen de Bizet; recordaban, si acaso, chillidos de cachorros salvajes. No obstante, cuando su padre corría a saludarlo y a tallarle su barba en las mejillas, aún presumía a sus vecinos: «aquí está mi hijo el tenor». Hasta que Juan Carlos, comenzó a replicar: «¡No, papá. yo no quiero cantar; yo quiero ser cruzrrojero¡.» Pese a ello, fue tanta su popularidad en nuestro pueblo, que su casa era conocida como la Casa del Tenor.

Solo cuando aconteció el temblor del 85, Juan Carlos pudo al fin dar cauce a su real talento. Exactamente a las 07:10 de la mañana comenzó a escucharse entre los pastizales un ruido incesante como sirena de ambulancia. Doña Juanita, limpiándose los ojos, dijo entonces:
«¡Ay, virgencita, ese loco del tenor ya está ensayando». Don Pedro, el que vendía mosquito, le grito: «¡Epa, Juan Carlos, vas a asustar a los teporochos, van a pensar que ya viene la patrulla». El escándalo levantó también a su padre, gallos y gallinas cacaraquearon a todo pulmón, los perros sumaron también sus aullidos y, así sucesivamente. Al principio entre nuevamente sorpendidos o hasta realmente molestos todos los del pueblo acudieron a ver a Juan Carlos, quien ahora comenzaba a imitar, más y más, in crescendo, a una ambulancia. Pero pronto creció también la angustia ante el trepidar de las casas; algunas se desplomaron… Niños llorando y madres asustadas corrieron entonces a ponerse a resguardo rumbo al llano grande. El país todo entraba en una emergencia nacional. Habría ciudades devastadas.

En cuanto a Juan Carlos, se dijo que desde entonces y hasta ahora recorre veloz la carretera Panamericana, portando un delantal de la Cruz Roja y emitiendo sin parar el ruido de una sirena de ambulancia.


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