El nudo en la garganta
no deja que salgan las palabras.
Por una vez, el cambio
hace que todo lo que queda se rompa.
Sintiendo la existencia pesada,
con la soledad como único refugio.
Las lágrimas,
la única manera de desahogo.
¿Cuántos caminan con el alma apagada?
Siendo luz para otros,
aun cuando están rotos.
Lentamente las estaciones se apagan
y con ellas las ganas de seguir.
¿Cómo se puede ser tan ciego a las señales?
Y olvidamos las conversaciones.
Estamos entre estrellas fugaces,
las cuales, así como rápido iluminan nuestras vidas,
así de rápido se van.
Otras personas viven en la dulce mentira de sentir el dolor
para poder traerlo al exterior.
Buscando la libertad de no volver
a sentir miedo,
de volver a la vida con la que sueñan.
A veces el peso que llevas se vuelve tan grande,
que te planteas
si vale la pena continuar.
Cada paso que das
se vuelve pesado.
La respiración se acorta…
Quieres que hasta tus pensamientos se callen.
y la música ya no funciona para ello.
O cuando sientes que incluso tu voz se desvanece.
Recuerda que no estás solo,
que las memorias se van,
que las heridas cicatrizan;
que vale la pena luchar;
que vales la pena para darte otra oportunidad.
En esas noches en vela busca ayuda.
En esos momentos azules
permítete sentir todo.
Ármate de valor y ayuda a otros.
Recuerda que eres importante a los ojos de los que te aman.
Recuerda que tus sentimientos cuentan.
No los reprimas, porque igual saldrán.
Presta atención a otros llamados de ayuda.
Sé la estrella que ilumine tu propia vida
y a los demás a tu alrededor.
Recuerda: No estás solo.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.