Eterno misterio la flama de la vida
¿Quién habita con ternura ingenua
las garras de la feroz noche?
¿Será aquél perdido en el camino
en la selva negra, en el averno?
¿Será que a pesar de su desorientación
la brújula acompañante iba en el empeño
de la mano del creador?
Fulgor omnisciente de la deidad
en que del pecho de hierro
surgen rosas rojas en el arrebato de la fe.
Eremita en el confín del mundo
sin bullicio a donde el dolor (humano dolor)
es moneda de cambio con la devoción
¿En qué mano se acaricia la gracia del señor?
¿Es en el vuelo placentero y juguetón de un colibrí
o en la alevilla que roba el instante de la contemplación?
¿Será en el profundo canto del agua recorriendo riachuelo,
escuela vital en la que la floresta da lecciones de mundo;
riqueza inmediata y compartida en la que el humilde,
es el más afortunado de las proezas del ente universal?
Es en ti mi credo, testimonio de mi libre albedrio.
Te he encontrado tantas veces en la senda,
tratando de sacar de mí el aliento interno de tu voz;
misericordia de compartir en compañía tantas penas
y tantas glorias del portento de ser humano.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.