Como toda belleza verdadera, te levantas natural como una fuente de agua. Como levadura de pan. Como piedra de río.
Eres luna hecha mujer.
Natural y orgullosa, rítmica sacerdotisa de dioses que desconozco. Dulce como la verdad en silencio. Aroma a poema, a transparente juventud. Eres lejana y cercana.
Y saludable como una manzana.
Sólo conozco tu aroma. Eres una ánfora sagrada en la que se esconde un terrible y hermoso secreto.
Así te venero.
Con ésta evocación de palabras.



Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.