Mujeres especialistas en soledades (2) – Marizela Ríos Toledo

(Tráfico con el dolor de la música cardenche)

La entrega de mujeres terminó al asalto de la penumbra.

En la atmósfera no hay fortuna… no hay Libélulas.

Roto está el equilibrio.

La de los cabellos como reatas de ahorcados,

hace presa de las que van perdiendo el alma

hasta no sentir nada.

Transita sus piernas hacia la ventana;

encaja sus ojos en el horizonte.

Quiere revolcarlo,

plantarle huizaches en el lomo; airear al sol su sombra

antes que el hedor que penetra en el crepúsculo…se la trague.

Ella, La que trafica, la que derrumba sus escrúpulos

y no sabe cómo pegarlos en el pecho, meterlos hondo

para que la oscuridad no los adelgace.

Para que no los doble donde la infancia se hacina.

Que no es la Trinidad, gitana, acróbata y mujer

como Leonora Carrington.

Es hiena que se horroriza del vacío,

el que arrancó el aguacero de sus ojos,

y no puede responderle

por qué goza cuando quiebra la vida de los otros.

Por qué expulsa a Dios de su inmanencia

e inquieta a las brujas… para que Rachel Baes

pinte sus misterios y en “Los sueños despiertos”

de Jane Graverol arda su identidad cruel y desgarrada.

Los momentos de la Libélula

queden plasmados en el extraño mundo

de los lienzos de Remedios Varo.

La mujer que trafica busca una señal en el macizo del aire.

Piensa en la Libélula, cree que ella la puede ayudar a guardar

los trozos de su vida que empezaron a regarse desde niña

en un hospicio sin nombre.

Quiere recuperar el alma más allá de lo obvio,

abrir las puertas de Dorotea Tanning

y escapar de las paredes que impiden la libertad…

esas puertas que le han extraviado sus desvelos.

Sigue soñando en la primera vez que vio el amor entre los cactus.

Los ecos de sus gemidos se enredaron en las espinas.

Con gritos de Mandrágora fundió su sangre con el semen,

la Manzana de Satán ofreció el sabor de los fluidos.

La raíz hecha hombría con “Mano de gloria

emanó los humores que tentaron su religiosidad, como tentó

la alquimia de las máscaras de Bridget Tichenor

la monotonía de su desgracia,

en este México que adoptó la realidad de la pintora

con la magia de su origen.

La que deshonra su estirpe se adhiere a la intemperie.

Tormentos revolotean el páramo de su carne.

Alrededor de su cabeza un castigo asestará la Libélula.

Que las almas…los gritos de las difuntas, se manifiesten en el golpe.

Ella, la que trafica con las vivas,

la que zarandea sus lamentos

hasta quemar las horas del itinerario

que la suerte echó para que se aferraran a la tierra,

ahora se quedará sin balanza.

El zumbido del mundo hará nido en su pecho.

Con “El cargo: inocencia perdida”

Como en filme de Michael Cory Davis

como aullido que se despeña de los vínculos del corazón.

La soledad de Frida Kahlo

refundirá en los escombros de su “Árbol genealógico”,

el lodo de la simiente de la mujer que aposentó el abandono

 en “La mesa herida” y en tantas bocas

que desmantelaron la brújula del regreso.

“Memento mori”: Somos mortales

Ella, la que quiere plantarle huizaches en el lomo al horizonte,

exhala en un grito las trampas que hicieron costra en su conciencia.

Escupe el vidrio de su lengua.

La Libélula se manifiesta

Las almas de las difuntas con coro de lamentos,

cierran sus párpados.

Se desprende la traición de su espesura.

El alma se extravía, se va bailando en los “ayes” de la música cardenche.

Poema dedicado a los migrantes de América que cruzan fronteras con la esperanza infinita de mejorar su existencia.

Texto de Marizela Ríos Toledo en su propia voz.

Realización Humberto Adam.


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