Teuchitlán − Joel Gustavo Rodríguez Toral

Reverberación engañosa.
¿Dónde ahogar esta aflicción
que estruja fuertemente el pecho?

En unos tenis apilados en motones
se cree ver las huellas de la existencia,
señuelo de una quimera que necesita pruebas.
El reloj no es amigo,
los días de las ausencias ya han dado cuenta de años,
el encuentro anhelado ha sido privado
por las perversas razones del crimen
que levanta, que rapta personas, que priva vidas.

Son hilanderas al viento las incesantes buscadoras,
que en sus empeños son capaces de abrazar
falsos indicios donde no da señales el sol,
solo la existencia de la esclavitud,
del espíritu quebrado,
del ser humano rebajado a cero.
Sobrevivientes en el rincón del olvido.

Teuchitlán, extraña guarida,
páramo donde residen las sombras
de los soldados forzados al crimen.

Plañidera madre, cegada en tu empeño,
tus lagrimas hacen nido en un niño perdido,
en una niña sin rosas.
Arañas en la ausencia, ante el encuentro de una esperanza
y por querer volver a ver cualquier rastro
de aquel ser nacido en el seno de tu amor.
Mas polvo solo polvo y mal sabor de boca es el rancho Izaguirre,
pináculo de una cárcel de inocentes sin más registro que la injusticia.

¡Malditos siempre malditos los que apartan
de su seno familiar a los que buscan mejorar su vida!

¡Malditos los que condenan a los padres buscadores
hacia sitios indecibles de la existencia!


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