(Sobre la idea de un Autor que dijo que los poemas son nuestros hijos)
A mis hijos, poemitas
o intentos de poemas,
los mandaba al mundo
a causar lástimas,
a exhibir sus patéticos abandonos,
sus ralos cuerpos, sus enquistados dolores,
a mendigar, pues;
a conseguir algún tipo de limosna.
Hoy, que me nace la conciencia,
sólo puedo decirles:
«Ustedes perdonen».


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.