Las mujeres hemos sido leit motiv de poetas y todo tipo de creadores. Estos –a su vez– religiosos, asesinos, suicidas, feministas, misóginos y machos, entre muchos otros calificativos, nos han enaltecido, satanizado cuestionado, olvidado y hasta asesinado, dado que “se precian” de conocer la esencia de la naturaleza femenina y se consideran aptos asimismo para clasificar a una mujer en el rubro que mejor se les ocurra, aunque sus controvertidas personalidades, su intuición supuestamente a prueba de todo, su hipersensibilidad y sus taquicardias o desajustes en conductos lacrimales o su gusto por lo infrahumano, ofrezcan sobre ellas juicios que las hacen parecer más propias de mundos oníricos que de la tierra que regularmente como simples seres humanos pisan. Nosotras hacemos de tripas corazón, como escribió Marcial Alejandro, o nos comemos un buen taco (también de tripas) cuando de valor se trata para entrarle con fe a la vida, así sea por cualquier puerta, y luchar en ella y por ella hasta la hartura, posición que hoy es más aceptable que las anteriores, plagadas de hipócritas represiones o arrepentimientos.
Intensamente mujer, Frida Kahlo poseyó varias de estas particularidades. Acostumbrada al dolor, lo inmortalizó lleno de colorido y recreó su vida alrededor de él.
Dueña de su enfermedad y sus miedos, la inseguridad que estos le provocaban, la colocaba bajo la cama para asumirlos solamente en sus largas horas de soledad, pero, ante los demás, se jactaba de su albedrío, rompiendo tabúes, mientras lucía la armadura perfecta de su traje oaxaqueño, o bien desatando su lengua con divertida originalidad en “cartitas”, recados y reuniones.
Por igual amante de Diego que de México y sus animales, pintó y murió a diario por ellos, dándose a la tarea de mantenerse viva en el tiempo, como nos lo hizo saber en su Diario íntimo. Luego de su partida, sus pinturas alcanzaron una notoriedad que nunca imaginó, como menos aún siquiera soñó que su imagen se convirtiera en cartel o bandera o apareciese incluso en cualquier artilugio que nada tuviera que ver con su mito. Pero como ella, existimos mujeres matizadas con otras alegorías congruentes o incongruentes ante la vida.
Así, revisando las crónicas de César Vallejo, especialmente las escritas en El aniversario de Baudelaire (París, mayo de 1928), entre su manejo transparente de la palabra, descubro el término diabolismo queutiliza para calificar la actitud que eldesaforado poeta maldito asume ante la vida: “una elevada suma de dos grandes sumandos inseparables: la rebelión y la inocencia”. Y tal es el término que me gusta emplear para evocar la actitud de algunas de estas mujeres militantes, protagonistas de la conquista o defensa de los derechos humanos, protectoras de los animales o además y también, mujeres libertarias, transgresoras, innovadoras o provocadoras.
Estas diabólicas mujeres, algunas en verdad inocentes o solitarias, en su afán por cambiar la faz de la tierra, se rebelaron contra el sistema que las segregaba o las ataba mediante el temor acumulado durante siglos, o bien las subestimaba o las defraudaba argumentando vanas sutilezas. Así, viene a mi mente, Tina Modotti con su breve estatura y enorme sensualidad. Nacida en Italia, conoció el infierno de la miseria junto a Giuseppe, su padre, firme defensor de los desposeídos, y también junto a su mamma, Assunta, tierna proveedora de cariño y de polenta.
Fotógrafa de profesión, con gran talento artístico, aprovechó las enseñanzas de Edward Weston, su maestro y compañero, de quien adoptó tanto la teoría sobre el arte fotográfico, como su fascinación por México y la magia del recién nacido muralismo. Pero llegado el momento de capturar sus propias imágenes tras la cámara, supo imponer también el carisma de su idiosincrasia
Tina supo moverse en cualquier campo y defender con rígida convicción los proyectos de su conciencia, es por ello ejemplo de quien, ante el ninguneo o las dificultades, enarbola las bondades de su talento y con corazón impone su criterio emancipado.
Nerviosa y brillante, iluminó vidas y presenció muertes, combatió por algunas causas y murió por otras, pues aún desamorada y abandonada por Julio Antonio Mella, guardo cerca de su vientre los fragmentos de la intensa vida en común en la que con tanta pasión se entregaron…
Hasta aquí por hoy, pero en la próxima aventura narrativa seguiremos hablando de mujeres que han marcado la diferencia en este recorrido de sentidos y sinsentidos que es la vida.
Por ahora los dejamos con el siguiente trabajo…
Poema dedicado a los migrantes de América que cruzan fronteras con la esperanza infinita de mejorar su existencia.
Texto de Marizela Ríos Toledo en su propia voz.
Realización Humberto Adam.


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