Descenso hasta la base.
La Purísima (Providencia) o justamente juntito ahí.
El largo y yacido andar ya ha sido,
si bien refrescan, tenues aún,
sus pasajeras lloviznas…
Fatigosas aunque serenamente alegres
las múltiples veredas entonan
si acaso en su ocaso(ya), y ay y hay ahí…
su tan propio «Cantar de los cantares».
Siempre acá y allá entre los tales
totales fractales,
ecos cúbicos y al cubo,
tantos que no son ya sino melódicos
presentes presentidos
por entre sus húmedas y truncas altiplanicies
para concordar, de tanto en tanto, con aquel abierto
tonto ensoñar soñado…
O −en su momento− y en su verdad
con el otrora
inexplicable aunque comprensible
y tan alto −y por demás− en demasía
desenfreno quizá ansioso desde el principio
de su final agorero.
Satisface (en cambio) pausada
la aventura pasada
más que la meta lograda.
Ay, ay, ayay
canta y no llores;
porque hay amores y humores
de esos que de tan sobandito
finalmente (cielito lindo)
quedando quedan…
para (ahora) consagrar
−conformes−
el no se pudo,
pero así se pudo
y ya no más.
El desandar por los pasillos transitados…
El haber sido.
Lo que fue
o lo que se fue…
Cierto.
Llano duele.
O ya no duele.


Tu voz también orbita. Dejala girar aquí abajo.